Al contratar por cuenta propia sin apoyo de especialistas, se prescinde de ese control de calidad. Se corre el riesgo de que la voz no esté disponible para retoques posteriores o de que le cueste mantener el mismo tono en sesiones largas.
El cálculo de los derechos de uso
Nuestro mayor riesgo estuvo en la gestión de los derechos de emisión (buy-out). En una locución publicitaria se abona una tarifa base por la grabación en sí, más una contraprestación por la explotación del audio. Esta última varía según los canales de difusión y la vigencia de la campaña.
En proyectos no publicitarios, como cursos de e-learning o vídeos explicativos internos, el criterio es otro: se factura por palabra o por proyecto. Sin la orientación de una agencia, habríamos difundido en abierto un vídeo con una licencia válida solo para uso interno. Las sanciones por infracción de derechos pueden ser muy elevadas. Contar con un presupuesto detallado evita estos sobresaltos legales y económicos.
El proceso en una sesión de grabación
La producción sigue una metodología estructurada para salvaguardar la calidad. Estos son los pasos que seguimos junto a la agencia para alcanzar el resultado óptimo:
- Revisión del guion: eliminamos redundancias y marcamos las pausas para la respiración de la voz.
- Selección de la voz: definimos el perfil idóneo por idioma y registro, como Marilyn para una versión en francés belga o Stephan para una locución en alemán.
- Dirección remota: supervisamos la sesión a distancia para aportar comentarios en tiempo real.
- Posproducción: el técnico limpia ruidos y respiraciones excesivas, entregando el audio preparado para su inserción.
Consejo de dirección para agilizar la producción
Como director de voces, suelo encontrar guiones bien redactados en el papel pero poco naturales al ser leídos. Mi recomendación principal es leer el texto en voz alta al menos dos veces con un cronómetro en mano. Preste atención a posibles trabas, como la acumulación de sonidos sibilantes o frases excesivamente largas sin puntos de respiro.
Un locutor profesional necesita espacio para articular con convicción. Medir los tiempos del texto con antelación evita que deba acelerar para encajar con el minutaje visual. Como indicaba nuestro cliente Jordy en su valoración: contar con un equipo que colabora con agilidad ahorra incertidumbres.