El primer paso: distinguir entre grabación y derechos de uso
Cuando revisamos las instrucciones con un locutor en el estudio, el minutero no corre sin más. Las tarifas profesionales constan de dos partes. Por un lado está la tarifa base por la grabación o sesión de estudio (session fee), que cubre el tiempo, el equipo técnico y el trabajo de locución.
Por otro lado está el buy-out, es decir, la cesión de derechos de uso. Con él se abona el alcance y los canales donde se escuchará la pista de voz. Un anuncio en televisión nacional tiene un impacto mucho mayor que un vídeo instructivo interno para unos pocos trabajadores. De ahí que los derechos varíen según el medio y el periodo de emisión. En proyectos no comerciales, como un e-learning o un vídeo de empresa, solemos fijar un precio por palabra o por proyecto cerrado, garantizando total transparencia desde el inicio.
La locución y el menú de un restaurante: una analogía clara
Para entenderlo de forma sencilla, piense en una cena en un restaurante. Los ingredientes y la preparación del chef marcan el precio del plato. Ahora bien, si pide que le envíen ese mismo menú a todas las sucursales de su empresa en el país, habrá un coste extra de logística y reparto. En una voz en off, la grabación en el estudio es el plato y los derechos de difusión son el reparto. Si usted define de antemano dónde se emitirá el audio, nunca pagará de más.
En la cabina con la dirección de locución
Como director, veo a diario cómo un guion cobra vida. Uno de nuestros 94 locutores profesionales, como Sven en los Países Bajos o Sarah en el Reino Unido, entra en cabina para darle a su texto el tono exacto.