El valor del silencio entre las palabras
En el estudio de grabación, con los auriculares puestos y los faders ajustados, se escucha absolutamente todo. Cada movimiento de los labios, el menor chasquido y, sobre todo, la respiración. En un entorno acústico profesional, los micrófonos de condensador son tan sensibles que una inhalación forzada puede sonar como una ráfaga de aire. La reacción habitual de un locutor novato es contener la respiración todo lo posible. Esto empeora el problema: la garganta se tensa, las frases se acortan y la musicalidad del relato se rompe.
Por qué no conviene eliminar todas las respiraciones
Durante la fase de edición puede resultar tentador suprimir con software cada una de las tomas de aire para dejar una pista aséptica. Sin embargo, una locución desprovista de aire suena artificial. El oyente percibe inconscientemente una sensación de agobio, ya que el hablante parece no respirar jamás. La respiración funciona como el margen en un libro impreso: concede al receptor el tiempo necesario para asimilar las ideas. Por ello, preferimos conservar las respiraciones atenuando su volumen. Así se preserva la humanidad de la voz sin generar molestias.
Consejo de dirección para una respiración orgánica
Como director de voz, cuido la función que cumple cada pausa para respirar. Un buen locutor utiliza el aire como impulso para la siguiente frase. Un método eficaz consiste en inhalar por la boca relajando por completo la mandíbula. Si la apertura es suficiente, el aire entra sin resistencia y de forma silenciosa. Esta pauta técnica básica forma parte del aprendizaje de cualquier profesional cualificado.