Tras el micrófono: el poder invisible de la respiración
El piloto rojo se enciende y el estudio queda en completo silencio. El locutor se coloca frente al micrófono principal, repasa mentalmente la primera frase del guion y toma aire. Esa primera inspiración apenas se percibe, pero marca toda la intención de la toma. Es la transición delicada del silencio absoluto a la primera palabra que debe captar al oyente. Si se oye demasiado, distrae. Si se elimina por completo, la voz suena artificial.
En cabina solemos atender a la toma global, pero el éxito de una buena locución reside en estos pequeños detalles. Ese segundo de aire justo antes de que vibren las cuerdas vocales es el mejor ejemplo de ello.













